Y tú, ¿naces o te haces?

Preguntar si el escritor nace o se hace es como preguntar si el matemático sabe sumar desde que nace o aprende a lo largo de su vida. Eso al menos es lo que siempre defiendo cuando me preguntan.

Son varias las opiniones que a lo largo de la historia se han vertido sobre este paradigma: ¿el escritor nace o se hace?

Beethoven afirmaba que “el genio se compone del dos por ciento del talento y noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación”. Cierto es que a veces, pero en un porcentaje muy pequeño, hay un ser tocado por alguna divinidad que desde bien joven escribe como por arte de magia. Son los denominados genios de la escritura. Pero, ¿sabíais que el Marqués de Sade comenzó a escribir con cuarenta años desde la Bastilla, o que Giuseppe Tomasi di Lampedusa comenzó casi rozando los sesenta y que su obra El gatopardo fue rechazada por editoriales hasta que fue publicada un año después de su muerte?

Pues sí, el éxito viene dado, parece ser, por el trabajo, el trabajo duro y la perseverancia. Y ya que estamos con dichos:

Nunca es tarde si la dicha es buena.

Y es que a escribir se aprende igual que el que pinta cuadros acude a clases de pintura, el que actúa a clases de arte dramático o el cirujano aprende la ciencia médica en la facultad de Medicina. ¿Por qué el escritor va a ser menos? Sí, es verdad, estaréis pensando que muchos no dan clases de escritura y que son autodidactas, que la escritura es un arte y el arte no se aprende…CRASO ERROR, el arte se aprende. Escribir, como bien digo, se puede aprender como se aprende cualquier otro oficio.

A esto hay que sumar horas de trabajo y seguir unas pautas que si se persisten en el tiempo se podrá hablar al fin de la gran noticia que todos esperan: ¡Me he convertido en un auténtico escritor! Qué gozada.

Estas pautas son sencillas pero no ligeras y como cualquier otro arte, trabajosas. En primer lugar es aconsejable, y además obvio si te gusta escribir, la lectura de muchos libros. Leer, leer y leer. ¿Ha quedado claro?

LEER MUCHO.

Esto te ayudará a ampliar vocabulario, a ver técnicas, a despejar tu mente. Pero ojo, no intentes copiar a los grandes… ni a los pequeños. Tienes que labrar tu propia forma de escribir. Y escribiendo mucho sabrás cuál es tu manera de escribir, tu técnica. Y eso, amigos escritores, lo descubriréis cuando hayáis escrito mucho.

Preséntate a concursos literarios, se pueden ganar. Da a conocer tus escritos a amigos y que opinen, pero que opinen bien, no vale solo la crítica buena: seamos sinceros, tus amigos te quieren y les va a encantar casi todo lo que te lean, pero pídeles que sean sinceros, que te digan lo malo, lo que cambiarían, lo que les ha aburrido: que te lo digan TODO. Da tus textos a desconocidos y que opinen, creando un blog y pidiendo que te cuenten opiniones.

Ojo, las críticas casi siempre escuecen cuando no son halagüeñas, no nos vamos a engañar, pero minimízalo y mejora. Toda crítica educada es constructiva, y no, no somos genios, somos alumnos de escritura que van mejorando día a día. Prefiero que me digan que aburro a que no me lo digan y en la cuarta hoja de lo que he escrito ya estén en “el quinto sueño”.

Escribe cada día, picando piedra, poco a poco, incluso cuando digas esa frase recurrente de “hoy no han venido las musas a verme”…las musas no vienen, se crean. Siéntate frente al ordenador, o con tu cuaderno y escribe, lo que sea. Toma notas, observa, viaja si puedes, pon música, escribe en el metro mientras observas.

Escribe, escribe. ES CRI BE. ES CRI BE.

Y no hay prisa, tienes toda la vida para triunfar. Qué digo, el fin no es el éxito, el éxito, amigo escritor, es el camino. Lo que escribes, el gusto de que te lean, de que se ilusionen por leerte, las críticas, las aventuras que has descubierto, tus novelas, tus poesías, las cientos de vidas que haces vivir en el papel. Crea tu Itaca como Kavafis nos decía: “cuando emprendas tu viaje a Itaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, de experiencias… así sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya que significan las Itacas.”

Ahora que ya sabes que no has sido iluminado desde que naciste, ponte a escribir. Quizás hoy sea el principio.

Naci un otoño del 82 mientras Isabel Allende lanzaba su primera novela y las hojas amarilleaban en Madrid.
Treinta y un años después se editó la mía: «Parecían sombras». Desde entonces escribo todo lo que se me ocurre: poesía, más novelas, microrrelatos…
Mi cita favorita viene de otro escritor: «El que resiste, gana».
Mientras tanto vivo y soy feliz.

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