Así es, corregir no es cambiar un texto por completo. Hay que preservar el espíritu del autor, transmitido en cada una de sus palabras.

Esto no es fácil. Si un «no profesional» coge un texto, ¿qué hará? Cambiar a lomo y deslomo. Que si esto no me gusta, que si quedaría mejor así o de aquella manera.

Eso no es corregir, es una opinión que puede, incluso, modificar el mensaje que el texto nos quiere transmitir.

Expongo mi propio ejemplo:

A los diecisiete años gané el 1º Premio Provincial de la ONCE de relatos cortos. La obra se titulaba El viejo Nono.

El cuento, de cinco páginas aproximadamente, lo escribí desde el corazón, utilizando las palabras como armas que destruyen prejuicios, creando imágenes, situaciones que hicieran enternecer al lector. Lo conseguí.

Era una partitura en la que las palabras se transformaban en melodía, dulce, triste, soñadora. Y, como tal, así debía quedar.

¿Qué pasa si en una partitura cambian una estrofa o algunas notas? –Perdonen mi ignorancia en temas musicales–. La melodía cambia también. Y lo que transmite, aún más. No es lo mismo un «do» que un «re», por ejemplo.

Pues en un texto ocurre lo mismo y hay que ser muy respetuoso con la construcción que ha hecho el autor. Porque las palabras son sus notas musicales, las frases son el verso y la obra al completo es su canción.

En mi caso, cuando el cuento El viejo Nono fue publicado en una revista local, lo cambiaron para reducirlo a la mitad y así pudiera caber entre las páginas cinco y seis. Fue una atrocidad. Desbarataron el verso, desmembraron la canción. Solo quedo en esencia los nombres de los personajes y los hechos. Todo lo demás se convirtió en una canción bakalao, de las que golpean los tímpanos y no te dejan pensar. Convirtieron una partitura dulce en un ruido infernal.

Yo era joven, inexperta, me enfadé, pero no actué.

Después crecí, seguí escribiendo y me hice correctora, de las que respetan el espíritu, de las que empatizan con el autor. De las que dan demasiadas explicaciones por las correcciones.

Pero es que sé lo que significa una obra para un autor, la ilusión de sus palabras y la esperanza de su mensaje.

Esto no se puede MODIFICAR. No se debe nunca cambiar la esencia del mensaje que arrastran las palabras, porque toda obra lo tiene y se merece el mayor de los respetos por parte de todos los profesionales que formamos el mundo editorial, por muy descabellado que nos parezca.

Elisa Campos Aguilar
Soy escritora, correctora y bloguera. Apasionada de la literatura y del cine. Amante de los animales y de la naturaleza. Viajera en sueños y forjadora de ilusiones.

ELISA CAMPOS AGUILAR

4 comentarios en “¿ME CORRIGES O ME MODIFICAS?

  • Carmen6 agosto, 2018, 10:16 am

    Estoy de acuerdo, se ha de corregir pero nunca cambiar la esencia del texto y te diría más, ni el estilo.

    Responder
  • Carlos Venegas16 agosto, 2018, 8:48 pm

    Hola Carmen, navegando por internet me he encontrado con este post. Hay cuestiones a diferenciar, por un lado se encuentra la corrección ortotipográfica y por otro la corrección de estilo. La primera se limita a corregir los errores ortográficos, erratas, signos de puntuación mal utilizados, etc. Este tipo de corrección no modifica en ningún momento el contenido del texto, en too caso, puede cambiar el ritmo por un cambio en una coma, punto y coma o punto que estuviese usado equivocadamente erróneamente (siempre entendido desde el punto de vista del corrector).
    Por otro lado está la de estilo, esta tiene un alto contenido de subjetividad, ya que el corrector dentro de los parámetros estipulados por las normas del lenguaje debe hacer las modificaciones necesarias que considere para que el texto tenga la mejor legibilidad posible. Por lo que se pueden realizar muchos cambios en el texto tanto de cambios de palabras por sinónimos para evitar la reiteración, como la reestructuración de párrafos completos.
    En cualquier caso, un buen corrector realiza un mínimo de dos o tres lecturas con sus correspondientes galeradas. Con las galeradas se busca que el autor revise el texto y los cambios realizados por el corrector para definir con cuáles está conforme y con cuáles difiere y las razones. Dichas razones expuestas pueden ser rebatidas siempre con la RAE en la mano para clarificarlo en caso de que el autor esté equivocado en su argumentación.
    Si el autor quiere darle un significado concreto y estaba bien escritor, siendo el cambio un exceso por parte del corrector, siempre prevalece la opinión del autor retornando el texto a su versión original.

    En tu caso, no sé si te dieron la corrección para que la revisaras convenientemente. Si no lo hicieron y lo publicaron ninguneando al autor es de mal profesional y mala editorial por permitirlo, y entendería el enfado por tu parte.
    En el caso de que te lo hubieran dado a revisar y hubieses aceptado los cambios, el corrector habría trabajado en función de su criterio y buen hacer. Por lo que no sería de recibo el enfado posterior por tu parte.

    Aunque imagino que de ambos casos, el tuyo es el del ninguneo.

    Un abrazo y buen post.

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    • Carlos Venegas16 agosto, 2018, 8:49 pm

      Siento las erratas que voy con mucha prisa 😉

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      • Elisa4 septiembre, 2018, 6:47 pm

        Muchas gracias, Carlos. Así es, no me permitieron revisarlo. Solo fue un recorte realizado para que el texto pudiera caber en el espacio que querían dedicar al mismo en la revista. No obstante, era muy joven e inexperta, y, aunque lo reclamé, no insistí.
        Desde entonces me percaté de la importancia de respetar el sentido que el autor quiere dar al texto, para no sobrepasar los límites.
        (Disculpa la tardanza en contestar, pero no he estado conectada la segunda quincena de agosto).

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