Vínculos

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12,95

Categoría:Autor: ISBN: 9 7 8 - 8 4 - 9 4 9 1 6 7 - 2 - 4

Descripción

Vínculos contiene una serie de relatos, narrados por dos protagonistas diferentes: Miguel y Laura, que reflexionan y hablan sobre hechos de sus vidas cotidianas, personajes de su entorno y situaciones que les tocó vivir o que repercutieron en sus vidas, dando su versión particular sobre los mismos.
La diferencia cultural entre ellos, así como las circunstancias personales y familiares quedan reflejadas en la forma de narrar y en lo narrado, que aun siendo coincidentes en algunos casos, dan un resultado y versión distinta.
Completa el tríptico un tercer narrador que hace su aparición en el Epílogo intentando, desde la distancia, objetivar lo posible.

1 valoración en Vínculos

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    Jerónimo Anaya

    El autor pone en boca de tres narradores-personajes unos hechos que les suceden en un tiempo y un espacio determinados, desde una distinta —más bien complementaria— perspectiva. Tras el conciso prólogo de Leonor Rodríguez, que nos da la clave para entender el libro —«No todas las personas tienen la suerte de conocer su pasado con la suficiente profundidad como para entender su presente» (p. 9)—, hallamos las dos partes de la obra: «Miguel» y «Laura», compuestas por breves capítulos, con títulos también breves. Vínculos se cierra con un epílogo, narrado por el hijo de Miguel y Laura. Estos tres personajes cuentan los hechos en primera persona. Los tres narradores se convierten en protagonistas, aunque el tercero sería más bien testigo de los acontecimientos de sus padres. El autor emplea la técnica autobiográfica —lo cual no quiere decir que la novela lo sea— y así comienzan las dos partes y el epílogo: «De ese archivo surge la imagen de mi padre» (p. 13); «Una equivocación, eso es mi vida» (p. 77); «Fui tomando conciencia» (p. 131). Los padres escriben en presente, mientras que su hijo lo hace en pasado. Los distintos relatos son capítulos yuxtapuestos, que se podrían leer en distinto orden del que aparecen, pero todos ellos unidos no solo por los protagonistas, sino también por sus inquietudes, sus sueños, sus fracasos…
    La acción, contada como un pasado desde el presente, es, al mismo tiempo, vivida, pues son los protagonistas quienes narran su propia existencia. No obstante, cuando hablan de otros personajes, el ritmo narrativo, a veces, es lento: evocación de un tiempo pretérito, recordado con melancolía y lirismo. Cuando los personajes se centran en su propia vida, el ritmo es más rápido y predominan el pretérito perfecto simple o el presente, según se sitúen en el recuerdo o en la actualidad: «Esos años de plenitud se cerraron por sí mismos y no pude retomarlos cuando nos fuimos a Madrid» (p. 109). El tiempo narrado abarca desde los años 20 hasta finales del siglo pasado. En esa época, se produjeron grandes cambios, de los que el autor da testimonio, incluso en el vocabulario, recuperando palabras rurales como arreos, atajero, esteva, lebrillo, yugo, zagual…
    Al final, tras los recuerdos —pasado— y con la proximidad de la muerte —presente—, Esteban apunta a un futuro esperanzador: «Mirando hacia atrás puedo concluir que mi vida ha estado presidida por muertes sucesivas […], pero también estuvo sembrada de proyectos, y aunque no todos llegaron a término, sí hubo otros que dieron su fruto y dejaron razones para pensar en el futuro» (p. 129). Y es que el autor de Vínculos nos hace partícipes de sus propias experiencias, no en vano es Ingeniero Técnico Agrícola y también Licenciado en Filosofía. De ahí su visión de un mundo rural, bien conocido, y bien amado, por él y sus personajes, como Miguel, que quiere descansar en su tierra natal (p. 71), pues pertenece «a los tiempos de ritmos agrícolas, aunque los sufrí hasta el extremo de tener que dejarlos» (p. 49).

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